miércoles, 19 de enero de 2011

AHORA QUE...

Ahora que… el infierno ya no es un zulo incandescente, que el purgatorio es sólo una lengua breve y transitoria de fuego purificador, apenas unas décimas de fiebre, ahora que Belcebú juega en la liga de Hermann Monster, que San Pedro ha malvendido las nubes, los querubines y demás atrezzo celestial y mata las horas en la tasca, ahora, digo, los supervivientes de aquella adolescencia de deportaciones en casas de ejercicios espirituales y retiros de la mala muerte, desde los que oímos con claridad el crepitar del fuego eterno, aromatizado de azufre, las carcajadas de Satán y las descripciones precisas de las tinieblas en boca de los hombres de negro que se encargaban de nuestra vigilancia, ahora, concluyo, nos sentimos enormemente aliviados y agradecidos a su Santidad y a sus ministros por este esfuerzo de adaptación a los tiempos modernos, donde todo resulta incoloro, insípido y definitivamente inodoro.

martes, 7 de diciembre de 2010

NINGUNA PARTE

¡ Oh no ¡ de nuevo bloqueado en esta audiencia inerte. Como en un atasco de tráfico tras la nevada. Si hubo alguna expectativa de emoción, definitivamente murió antes del minuto cinco. El tono es plano y desapasionado y entonces me vuelve a ocurrir: estoy conduciendo por la autopista, en Francia, siempre una larga recta en el otoño francés, la luz, tenue durante todo el día, empieza a desaparecer. La hilera de árboles que flanquea la ruta es interminable. Las Landas, identifico... de nuevo en Las Landas. Pero ¿cuánto falta para llegar a París? Una eternidad de árboles sin hojas. Un océano de niebla. Llueve ligeramente, como agua nieve, como sirimiri, y los limpiaparabrisas ejecutan su danza del tedio mientras repiten el mantra: griiiiiiipsh, griiiiiiiips....

Escucho por fin los tristes aplausos de cortesía, y gracias a Dios, nadie formula preguntas.

Salgo a la calle y llueve como hace un rato llovía en las Las Landas. Tengo hambre y descubro un restaurante asiático con menú del día, con pocos clientes, casi todos solitarios. Me siento frente a la puerta para hacer la estadística. Es sencilla. Zero in. Zero out. Estoy en un nowhere restaurante esperando que me sirvan un nowhere menú. Para asegurarme tomo una foto. Gracias Panasonic. Parece mentira que esta cámara registre los sueños, pero allí están los comensales solitarios, la camarera de vagos rasgos orientales, el botellín de cerveza... ¿cómo es posible que hayan logrado fijarse en la tarjeta de memoria?

...making all his nowhere plans for nobody.

lunes, 6 de septiembre de 2010

LA EFE DE FENDER


Mi calle, como la que cantaba Lone Star, tenía un oscuro bar, húmedas paredes, y aunque mis padres nunca lo reconocieron, un buen puñado de putas que lo habitaban. Putas vintage, de las de antes: castellanas, murcianas o andaluzas, nada de brasileñas o nigerianas. Españolas todas. Todas ellas desertoras del arado o de la cofia, chacha style. Nada de taconazos de aguja en zapatos de plataforma. Allí solo se despachaban babuchas, alpargatas y chanclas en verano. Todo íntimo, todo silente, como si las mujeres, sus chulos y sus clientes vivieran en su portal de belén una Noche Buena perenne. Todo clandestino y oscuro.
Me resultaba inevitable mirar de reojo y descubrir…. nada, o mejor aún, la nada. La penumbra reinaba en aquella boca de placer. En las noches de verano, cuando apretaba el calor y costaba conciliar el sueño, se podía escuchar el Jukebox repetiendo una y mil veces nunca te podré olvidar porque me enseñaste a amar y así se verificaba el milagro de modo que la canción más ñoña, obra del conjunto músico vocal más pijo de la época, Los Brincos, se convertía en el himno de la escuela de follar que yo tenía siete plantas más abajo. Allí, imagino, se iniciaban los adolescentes, se doctoraban los tímidos y desfogaban los desamparados hijos de Eva, los perdedores, los desplazados, los solitarios, los soldados de la noche ...
En la acera de enfrente las cosas son diferentes. Reina aquí la luz del día. De las paredes de Jomadi colgaban las diosas que yo más adoraba: guitarras eléctricas voluptuosas, de mil colores y formas. De cuerpo sólido, de media caja, de caja entera. Putas de lujo, por no salirnos del contexto. Y en las primeras filas, siempre, alineadas una detrás de otra, las Fender. Estamos en la mitad de los años 60. Por entonces se comercializaban los modelos Stratocaster, las Telecaster y las Jaguar ¡¡¡Dios que nombres!!!!. Y en todas ellas, en su cabeza – pala en el argot – el nombre de Fender en letras doradas, con esa efe americana – con el rabo superior hacia la izquierda – y que parece un siete. La efe inicial de Fender y el resto de la palabra, en letras cursivas, divinas, F y R, Alfa y Omega. Todos los días, de vuelta del colegio, visitaba este templo, dejaba la huella de mi nariz en el escaparate, y babeaba mirando esa efe inalcanzable. Una sola vez me atreví a entrar y preguntar el precio de una Stratocaster en color sunburst. Tostada por el sol. 33.000 pelas dijo la vieja. La Vieja era un término para identificar a la responsable de cualquier negocio, tienda, despacho, operación, … siempre que tuviera más de… digamos…. 28 años. La vieja de Jomadi, la esposa del dueño. TREINTA Y TRES MIL pesetas dijo de un solo disparo. Fue suficiente para salir cabizbajo y convencido de que nunca poseería una de aquellas maravillas colgantes. 33.000 pelas era el sueldo de muchos meses de trabajo para cualquier empleado y yo no estaba empleado y tenía por delante un desierto de estudios que cruzar. Adiós amor de mis amores.
Posdata: hoy día un par de estas bellezas viven bajo mi techo, permanentemente manoseadas por quien suscribe. Somos felices y comemos perdices prácticamente todos los días del año, salvo en Cuaresma en que langostas y centollos salen de sus cubiles a darse un baño hirviendo.

domingo, 1 de agosto de 2010

LLEGÓ DEL CIELO...LA LONA LLEGÓ DEL CIELO

Hubo un tiempo, breve por suete, en el que creí vivir al aire libre, en la naturaleza, simplemente porque pasaba las horas muertas en la azotea de mi piso en medio de la ciudad. Y un buen día el cielo se encapotó. Literalmente: una capota azul celeste cubrió el sol – a lo bíblico - ensombreció mi azotea y cayó finalmente sobre ella. El toldo, tal vez la lona, aún con sus cuerdas atadas a las arandelas de metal, llegó volando del cielo. Nada sobrenatural, pensé. Las lonas no se aparecen con la facilidad con que lo hacen la virgen o algunos santos.
Un camión. Posiblemente se ha desprendido de un camión. Unos cabos mal atados, viento en contra, exceso de velocidad y… al carajo con la lona protectora de la carga. Si transportaba áridos, me preocupé, el camión estaría dejando una peligrosa estela de polvo cegador y posiblemente para cuando la lona aterrizó en la azotea, ya llevaría tres o cuatro muertos en su haber, mientras el conductor continuaba cantando entusiasmado a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga con Alaska en la radio…. Y entretanto, otro muerto. …. Pero decidí aparcar estos pensamientos tan negativos y buscar una utilidad en este regalo del cielo. Y entonces recordé que los fotógrafos profesionales suelen realizar sus retratos sobre un fondo uniforme, generalmente un lienzo, una cortina, tal vez un mantel. Dicho y hecho. Coloqué la lona sobre la pared y busqué un voluntario dispuesto a dejarse retratar. Et Voilà. He came from out of the blue.

domingo, 6 de junio de 2010

SUEÑO QUE SUEÑAS


Hoy toca medio oeste, medio día, media carga en el avión, cielo medio nublado, azafatas con medias, y tierra en vez de mar. No hay Titanics ni pulpos gigantes ahí abajo... Resulta tranquilizador. En tierra, el niño que mira el diminuto objeto brillante y su estela en el cielo, respira el aroma de las matas junto al arroyo - comida de culebras piensa - como si las culebras fuesen herbívoras... e imagina a los pasajeros leyendo la prensa, comiendo sus snakcks despreocupados o dormitando, sus cabezas dislocadas en los respaldos. Todos menos uno de ellos que piensa en el niño que mira el paso del avión y lo imagina tumbado junto a la comida de culebras respirando su aroma y pensando en lo que estarán haciendo los pasajeros, unos leyendo, otros comiendo distraídos o dormitando en los asientos, menos uno que piensa en el niño que piensa en el pasajero que piensa en el niño que piensa en el pasajero....
Ya lo dijo el maestro: te dejo entrar en mis sueños si yo puedo estar en los tuyos.
Es lo que tiene sobrevolar el secano.

domingo, 28 de marzo de 2010

...Y DETRÁS ESTABA LA ISLA

....y yo miraba entre los hombros de los dos participantes que me habían tocado en suerte al otro lado de la mesa de conferencias por si saltaba algún pez o pasaba el tío de los barquillos por la orilla....Parisieeeeeennnnnn. Nuestros anfitriones quisieron impresionarnos y prepararon un almuerzo contra el que hubimos de batirnos a cuchillo, cucharra y tenedor, pero la verdad es que él, el almuerzo, nos había vencido. ¡Que sopor! ¡Y qué forma tan terrible de mortificar a la audiencia en la hora sagrada de la siesta! Los dos que tenía enfrente aportaban su granito al plan de tortura. El de la izquierda, muy agresivo lo hacía en términos contundentes, excesivamente bronco para una enumeración rutinaria de las actividades sociales desarrolladas. Puedo asegurar que a pesar de sus esfuerzos, nadie le escuchaba porque nadie se colocó el auricular de la traducción simultánea y puedo dar fe de que ninguno de los asistentes entendía el extraño idioma de los anfitriones. Ella, a la derecha, ilustraba con ejemplos el tostón. Pero entre ellos – Dios aprieta pero no ahoga - se acertaba a ver el horizonte. Se abrían claros, como diría el hombre del tiempo... y allí, salpicada de iconos, estaba ella, la isla protectora de pantalla, un rincón en el universo para echar una buena siesta bajo las palmeras. Y me perdí el discurso, vigilante por si saltaba el pez o pasaba el tío de los barquillos por la orilla de la playa. Mas el otro no callaba y su vecina le seguía apoyando con certificaciones (yo estaba allí y os aseguro que todos nos partimos de risa) apostillas (sí, pero nadie se quedó sin su parte en el pastel) y reconvenciones (bueno, basta de cachondeo. Es hora de ponernos serios y hablar del tema que nos ha traído aquí esta tarde)
Todo empeoró y mejoró en el momento en que apagaron las luces para dar paso al power point. Power pointless, me dio por pensar.
El sopor creció en la penumbra. Temí cabecear a la vista de todos. Pero por otro lado la oscuridad dio fuerza y brillo a la pantalla y ahora el cielo sobre la isla se volvió de azul intenso al reflejar el mar azul. Y me acordé de Mozambique, la canción de Dylan en la que informaba que allí el cielo soleado es aqua blue. Las tres palmeras solitarias se perfilaron en tres o más dimensiones mientras yo descansaba por fin bajo su sombra. Y me pregunté si serían cocoteros o simples palmeras estériles. Lo primero me inquietaba y lo segundo me arrastró en caída libre a las primeras cabezadas. Que les den a los conferenciantes, pensé durante una breve recuperación. Cabeceé de nuevo y en la siguiente remontada añadí este otro retazo de pensamiento: esto no se hace, cabrones. Y con la seguridad que proporciona el estar cargado de razón, cerré rebelde los ojos, me abandoné al sueño y deseé a los conferenciantes que alguien les diera a probar de su propia medicina.

sábado, 7 de noviembre de 2009

EN LA PLAZA TUMBADO



Tumbado en el banco de la plaza miro las ramas de los árboles que buscan caminos en el cielo como las raíces en la tierra, collage de hojas pegadas al azul intenso. Enseguida la noche correrá el telón y yo volveré a la verticalidad.
Hacía tanto tiempo que no visitaba este barrio de perdición. Tumbado en un banco mirando las nubes , perdiendo tiempo. Free man in Paris. Ya no hay barrios de putas con sabor. Sólo puticlús de carretera, grandes superficies del sexo en los llamados parques empresariales. Soy el perro en la orilla mirando la corriente. Ladro de vez en cuando. Sólo eso. Buen viaje río, agua, buen viaje vida.

jueves, 1 de octubre de 2009

REFLEXION


Los aeropuertos son fuente de inspiración para mucha gente. Sin duda para los conferenciantes. Como también lo son las estaciones de tren, las paradas de autobús y hasta las gasolineras. Con qué frecuencia empiezan los oradores sus discursos recordando que esta misma mañana, en el aeropuerto, contemplando los aviones estacionados y los convoys de equipaje y el trajín de los empleados de catering y esto y lo otro, pues bien, todo ello, dice el orador, me ha llevado a hacer una reflexión sobre..... y aquí cada orador arrima el ascua a su sardina. La sardina puede ser el comportamiento del hipopótamo estresado o del hipotálamo rayado o tal vez el comienzo de curso y su metáfora: el inicio de una carrera ciclista en la que sólo el mejor, no en una etapa, sino en la regularidad y la constancia se alzará con el copón del triunfo y los ósculos de las azafatas en el podium. Sí, sí ósculos. Esto se lo he oído a uno que hizo escala en un aeropuerto del lejano oriente y al ver los aviones, los convoys y el trajín, fue asaltado por una reflexión que le llevó a los Campos Elíseos. Los curas son maestros en montar reflexiones y desarrollar metáforas. La del comienzo del curso escolar es un clásico. Recuerdo que todos los primeros de octubre sonaba el disparo de salida de una nueva carrera ciclista. Siempre que me cruzo con un cura sospecho que me va a meter en una de sus reflexiones. Coincido a su lado esperando a que el semáforo se ponga verde para ambos. Yo, montado en la bicicleta, y él, parado en la acera, tratando de montar un sermón para la misa de 12. Y empieza a emitir en silencio: "a mi lado, en el semáforo, un ciclista se apresta a cruzar la calle. Él está seguro de que llegará a la otra acera antes que yo, pero yo me pregunto....¿ llegará vivo? ¿Cómo puede este ciclista anónimo asegurarse de que el tránsito será seguro, de que su vida no depende de su voluntad sino del conductor de una camión de butano a quien Dios ha ordenado, sin él quererlo, atropellar y dar muerte al ciclista...o tal vez simplemente herirlo gravemente?" El cura necesita hacer acopio de materia prima para sus sermones, para sus metáforas simples, para sus comparaciones odiosas y hoy me puede tocar a mí, o a cualquiera. Nadie está a salvo de entrar en una plática de curas. Y lo más triste es que uno se convierte en protagonista anónimo. Si al menos, en la escena del semáforo, este cura se hubiese dirigido a mí: amigo ¿como se llama Vd.? ¿Le importa que le mencione hoy en mi sermón? Es posible que resulte Vd. eliminado de la faz de la tierra, o tal vez gravemente herido, pero no se preocupe porque esto es prácticamente virtual, únicamente para mi sermón, una especie de skecth que yo monto para ilustrar la fugacidad y fragilidad de la vida... y a mí todo esto me da mal rollo y por ello procuro alejarme de los curas, especialmente si me los encuentro en un paso de cebra.

Pues bien, ahora, sentado en un aeropuerto camino del lejano oriente no veo nada más allá de lo que hay: aeronaves, gente corriendo y aburrimiento. Nada me invita a la reflexión, no consigo profundizar y ver más allá de la materia condensada. No se me ocurre nada. Si acaso esto que cuento. ¿Y si fuera una reflexión? ¡Y si yo pudiera empezar mi discurso con... esta misma mañana en el aeropuerto se me ocurrió la siguiente reflexión: nunca se me ocurren reflexiones en los aeropuertos. El problema es que donde yo voy no tengo que dar discursos de ninguna clase. Bueno sí uno muy breve, una de esas presentaciones de power point en las que la mayoría de la audiencia echa una siestecita aprovechando que las luces se apagan. Puede quedar un poco fuera de lugar arrancar la presentación diciendo que los aeropuertos no son fuente de meditación para mí. ¿Y para ustedes, qué? Podría intentarlo con el taxista que me recoja, pero ¿me entenderá un hombre del lejano oriente este discurso? ¿Hablará la lengua del imperio? Y en el supuesto de que lo haga, ¿le importarán un carajo mis reflexiones sobre la carencia de reflexiones que me producen los aeropuertos, estaciones y gasolineras?
Es por ello que cuelgo estas reflexiones en la web. El que quiera que las pille y sean fuente de nuevas reflexiones.

Epílogo. Tal vez alguien quiera saber qué ocurrió después de aterrizar. Sí, tomé un taxi y empecé a contarle estas reflexiones al taxista que me llevó a la ciudad. Me produjo una gran satisfacción comprobar su movimiento de cabeza, como si entendiera el discurso y lo aprobara asintiendo. Así que continué hablando sin parar hasta que al llegar al hotel le pregunté abiertamente. ¿Qué? ¿Qué le parece a usted todo esto?
- Five hundred, fue su respuesta. A él no se le ocurrió ninguna reflexión adicional.

domingo, 14 de junio de 2009

LA BUENA OBRA


Estoy en el cole. Estos frailes - unos terroristas, otros apocalípticos, alguno pizpireto, ninguno en sus cabales - nos encargaron ayer,como tarea de casa, hacer alguna buena obra para mañana, es decir, para hoy por lo que nada más empezar la clase nos lanzan la pregunta: ¿Qué buena obra habéis hecho hoy? Cuando llega mi turno ycomo no recuerdo haber hecho ninguna obra ni buena ni mala, simplemente he subsitido un día más, me invento ésta: he ayudado a un ciego a cruzar la calle.
Magnífico, esto sí que es una buena obra sencilla de acometer, una oportunidad que se nos presenta cada día de camino al colegio, un regalo del Señor, glosa el fraile.
Luego pienso que, puestos a realizar buenas obras imaginarias, podría haber contado lo que tuve que hacer aquel día de invierno en la gélidas aguas del puerto para sacar a mis 4 amigos del coche en el que se habían precipitado al mar, y cómo me sumergí 4 veces seguidas hasta ponerlos a salvo, fuera del agua, y cómo les practiqué la respiración artificial boca a boca - sin pecar - y como finalmente .... les resucité. Estaban ahogados por completo y yo les devolví a la vida.
Y es que cuando uno va de buenas obras, debe hacer las mejores dentro de sus posibilidades.

sábado, 30 de mayo de 2009

EXTRAÑOS COMPAÑEROS DE VIAJE

Nuevamente a bordo de un avión. Esta vez en un vuelo trasatlántico. Como el Titanic. Suena bien, pero yuyu, igual de bien que la orquesta que sonaba en la salón mientras el buque hacía agua y comenzaba la inmersión en el mar helado de 1912. Los mares tienen añadas de frío como los vinos las tienen de nosequé. La de 1912 debió de ser heladora. Mi padre nació una fría mañana de enero de aquel año en un pueblo de montaña donde el frío aprieta sin piedad. Supongo que haría bastante frío porque su familia era muy pobre. Pero aún no he decidido qué dio lugar a qué. Si el frío del año a las aguas donde sucumbió el Titanic, aquella mañana de enero en que mi padre vió la luz al año en que esto acontecía, o si el hundimiento del Titanic trajo causa de la pobreza de. mi familia. Quizás en este momento estemos sobrevolando la zona de la tragedia, precisamente ahora que me como estos pretzels que nos sirve la azafata. ¡Benditos snacks de la aviación! Voy leyendo una de esas columnas semanales que en condiciones normales no leería porque los prejuicios hacia su autora me impiden hacerlo. Pero aquí arriba y con 4 horas a la espalda y otras tantas por delante, me como los pretzels que no comería y leo a las columnistas que no leería en otras circunstancias, porque hay-que-matar-el-rato. Y mientras esto ocurre, me asalta la urgencia de dejar constancia, antes de que la constancia se pierda en las musarañas, de esta extraña alianza de pensamientos, de los compañeros de viaje que acomodamos en plazas contiguas, en este viaje mental interminable y cómo los sentamos juntos según van llegando. Simplemente aparecen y ocupan un sitio sin orden ni concierto, sin demasiado sentido, como en los sueños. Y sin embargo, una vez instalados se ven obligados a dialogar, a relacionarse porque el viaje es largo, tanto como la misma vida. Y esta urgencia de no dejar escapar las ideas, de que al menos durante un rato, y quizás, gracias al poder del teclado para siempre y para otros, me trae el recuerdo de los recados que me encargaba mi madre. Los mandados como dicen – decimos - por aquí abajo. Acércate donde Juan y compra azúcar, tulipán y un estropajo. Ah¡¡¡ Y que te de un manojo de perejil. Y para que no se me olvide bajo los 4 pisos de dos en dos repitiendo mentalmente el mantra: azúcar, tulipán, estropajo, perejil. Qué difícil asociación, que compañeros de viaje tan distintos. Azúcar, tulipán, estropajo, perejil. Aún utilizo la misma técnica y ayer tarde, pensando en cosas pendientes de meter en la maleta, repetía incansable: adaptador, gorra, almohada. Adaptador, gorra, almohada para fijar, aunque fuera de una forma efímera pero práctica las tres cosas que debería hacer de forma urgente y prioritaria nada más llegar a casa: buscar en la caja de herramientas un adaptador de corriente europeo-americano para el ordenador, en el perchero una gorra para protegerme del sol y la migraña - ¡¡¡ah tu compañera inseparable !!! - asociada al exceso de luz, y poner un post it sobre la maleta en el que habré de escribir: almohada. Y es que mi almohada, mi amiga del cuerpo y del alma, debe entrar en la maleta mañana temprano, nada más levantarme porque sin tí no soy nada, a merced del dolor que acecha a todas horas. Una noche sin ella puede suponer un día completo de jaqueca. Solo así, repitiendo una y otra vez las palabras mágicas tengo garantía de éxito, de que el olvido no me llevará al desamparo. Y por eso debo cruzar el bosque con la cesta de comida para la abuela y no entretenerme con el lobo si este aparece en cualquier recodo del camino. No puedo dejarme llevar y llegar a casa tratando de recordar que tenía algo importante que hacer, algo que olvidé....

Y ahora, como cuando hacía los recados para mi madre, siento esa misma urgencia de escribir todo esto, de que no debo olvidarme del Titanic, de las columnistas a quienes jamás leería salvo en situaciones como esta, de que tal vez estemos sobrevolando la zona del desastre, de los mantras de mi madre, de recordar lo que tengo que recordar y de que todos estos pensamientos aislados hasta que yo los reuní, deben convivir forzosamente en este viaje trasatlántico.

sábado, 16 de mayo de 2009

HACER EL MONO


Cuenta don Andreu Pérez y Vara en una carta a EL PAIS de Febrero de 2008 que Federico Borrell García, el miliciano abatido en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936 y captado por el objetivo de Robert Capa, escenificaba una acción junto con algunos compañeros para que los reporteros – había más de uno – tomasen fotos bélicas. Una especie de posado. Sin embargo el movimiento de los milicianos y los tiros que dispararon llamaron la atención del enemigo al otro lado de las líenas. Una ráfaga de ametralladora, mató a Borrell y a otro compañero. Bien pudo haber ocurrido así. Jóvenes anarquistas excitados por las cámaras de reporteros extranjeros juegan a héroes y pierden la vida en ello. Las fotos previas parecen corroborar la hipótesis.
Mi padre fue un miliciano enrolado en el Batallón Baracaldo de la UGT a finales de Julio de 1936. Su primera misión consistió en defender la estación de Málzaga en Guipúzcoa. “El enemigo se encontraba en un monte alto situado enfrente de la estación. Nos podrían haber echado a pedradas. Nos ametrallaban a placer y no podíamos subir ni bajar de un piso al otro del edificio porque la escalera estaba en el exterior y éramos un blanco demasiado fácil para ellos.” Así me lo contó para un librito que le dediqué. Durante el mes que permanecieron en la estación, Octubre de 1936, no llegaron a entablar un auténtico combate con las tropas nacionales, aunque sí sufrieron una baja. Uno de los milicianos se empeñó en cruzar el puente que había junto a la estación a plena luz del día y en la línea de fuego del enemigo. Sin necesidad. Simplemente porque quiso probar su valor y mostrarlo a sus camaradas. A pesar de las advertencias los compañeros, el miliciano se empeñó en cruzar aquel puente. “Yo paso por ahí por cojones”. Apenas hubo dado una docena de pasos caía fulminado por una bala certera.
Mi padre le regaló el epitafio: murió por hacer el mono, dijo. Me lo contó una y mil veces y siempre con las mismas palabras. Por hacer el mono. No recuerdo si llegué a compadecerme en algún momento por el joven soldado desconocido. Tantas veces murió en el relato de mi padre que me acostumbré a ver como lo abatían sobre el puente, una y otra vez.
Y ahora, al leer la carta de don Andreu, aportando la versión tan plausible del reportaje fotográfico y las poses guerreras del grupo de milicianos, me he acordado del pobre muchacho de la estación de Málzaga. Y de haber ocurrido las cosas como propone don Andreu, el miliciano inmortalizado en el momento de morir en Cerro Muriano, el falling soldier de Robert Capa, habría perdido la vida por hacer el mono, como la perdió aquel camarada de mi padre que quiso cruzar el puente por cojones.
Por ellos y por tantos otros soldados voluntarios y forzosos de mil guerras olvidadas tañen las campanas, como recuerda Dylan en Chimes of Freedom: por todos y cada uno de los soldados desamparados en la noche.

lunes, 5 de enero de 2009

CONOCIMIENTO DEL MEDIO


O sea, cono, según dicen los niños.
Estas navidades han debido de ser especiallmente malas para estos emigrantes que nos venden esos objetos de deseo falsos. Los municipales han montado guardia en todas la zonas comerciales de la ciudad en las que solían exponer bolsos, gafas, relojes.... todo de la tostadora, todo de mentira. Carolina Herrera, Dolce Gabana, Chanel... y a precios de saldo. Pero en estos días de locura y despilfarro no se ha visto ni un negro, ni un ecuatoriano, ni un moro... Los agentes del orden vigilaban el terreno.
Sin embargo hoy, víspera de Reyes, la vida ha vuelto a las aceras de los centros comerciales más importantes. De nuevo los cedes, los cinturones, los pañuelos de marca ¿Por qué hoy? ¿Qué ha pasado? Pues que los municipales andaban ocupados cuidando del buen desarrollo de la cabalgata de los Reyes Magos de Oriente. Ni un solo guardia vigilando las zonas comerciales. Vía libre. Todo el campo es orégano en esta tarde afortunada para estos auténticos reyes de la magia, supervivientes profesionales. Esta gente sabe cuando acecha el cazador y cuando está ocupado en otros menesteres. Sobresaliente,por tanto, en conocimiento del medio para los reales reyes magos.

viernes, 14 de marzo de 2008

TIEMPO, TIEMPO, TIEMPO.

Tiempo, tiempo, tiempo, mira lo que ha sido de mí mientras miro alrededor buscando mis posibilidades.
Las palabras de los profetas están escritas en las paredes del metro y en los portales de los bloques de pisos y están susurradas en los sonidos del silencio.
Eres grande Simon.

lunes, 4 de febrero de 2008

LOS PICAS


Dormito en el vuelo de regreso de una ciudad septentrional. Un silencio muy europeo se ha apoderado de la nave. En esto de estar callados y no molestar los septentrionales son los mejores. El propio avión parace agradecer los sonidos del silencio y se desliza con enorme suavidad.  Sólo se escucha el rum-rum de los motores y empiezo a sentir en mi barriga el ronroneo del gato cuando se durmió sobre mí mientras veíamos El tren del Terror en la tele. Ten ahora cuidado no vayas a caer en un sueño profundo y el revisor te pille dormido cuando pase pidiendo los billetes. El pica. Así se decía antes y los había por todas partes. Procuro ponerles buena cara porque son la autoridad y yo soy muy respetuoso con el poder establecido. En cuanto asoman por la puerta voy preparando mi billete y procuro que, aún desde la distancia, vean que dispongo de título válido de viaje, que soy persona de orden. Cuando el pica llega a mi altura, soy el primero en ofrecerle mi billete esperando con ansiedad la llegada de la paz del deber cumplido cuando me lo devuelva debidamente picado. 
Pero en los aviones, ¿hay pica en los aviones? Joder, no hay manera de estar tranquilo, de descabezar un sueño. Y comprendo de pronto que mi vida está llena de picas que yo pongo por todas partes. Picas que me asaltan en los pasillos de los vuelos, en los ascensores y los rellanos, en las porterías y las playas nudistas a las que me escapo de vez en cuando y , siempre, siempre, al doblar la esquina de los sueños. Malditos picas. Dejarme vivir, dejarme dormir, dejarme soñar. Putos picas.

domingo, 3 de febrero de 2008

RENFRO


Ni sabía de su existencía, pero me pusé a rebuscar en internet después de ver en CTK Telling lies in America. Me gustó el papel. Se llamaba Brad Renfro y por lo que he leido ya era bastante famoso a pesar de su juventud. Ha muerto hace dos semanas con 25 ó 26 años. Tenía 16 cuando hizo esta peli. Lo había críado su abuela. La mujer ha muerto unos pocos días más tarde. No es la primera vez que me ocurre. Me intereso por algo y descubro que acaba de desaparecer. ¿Llego tarde? En algo me recordó mi adolescencia y sin embargo él no había nacido cuando yo ya estaba de regreso de unas cuantas excursiones. Hoy me siento a escribir y a recordar que anoche no sabía de su existencia y hoy se que era joven, famoso y que ya no existe.

viernes, 1 de febrero de 2008

INTERNET ES UN PARAISO AHORA Y LOS INDIOS ERAN DE LA INDIA


Una de las grandes utilidades – features - que ofrece el cielo a quienes traspasan sus puertas, previa defunción, es la revelación en modo ciencia infusa de todos los misterios que uno siempre quiso conocer. Pues bien, Internet es el cofre generoso de las revelaciones que no exige matar ni morir para poner a nuestro alcance sus secretos. Cuando, con 13 años, llegó a mis manos el album de Bob Dylan, John Wesley Harding, pasé horas y días intentando adivinar quienes podrían ser aquellos tres misteriosos personajes que le acompañaban sonrientes. Dos parecían indios, o sea apaches, cherokees o navajos, mientras que el tipo que aparecía en segundo plano tenía aspecto de granjero americano. Pensé que tendría que esperar hastallegar al cielo para preguntar por los acompañantes de Dylan. Pero hoy, al clic del ratón, internet me desvela el misterio: La foto la tomó el fotógrafo de Columbia John Berg en Woodstock y los tres personajes que aparecen con Dylan (que, por cierto, lleva la misma chaqueta de piel con la que posó en la portada del Blonde On Blonde) son Purna Das, lider de los Bauls of Bengala y Lakhsman Das, otro Baul, que en aquella época se hospedaban en el granero reformado dentro de la propiedad de Albert Grossman, el manager de Bob Dylan. Sally Grossman, muy servicial, identificó al cuarto miembro del grupo "El que aparece detrás es Charlie Joy... Era un carpintero y cantero local que andaba por allí ese día". En definitiva, los indios eran de la India.
Parecerá una idiotez... sin duda lo era, pero habría ofrecido mi corta vida por descifrar el enigma de los personajes que acompañaban a dios en su jardin de Woodstock.... Pensé en varias opciones que finalmente quedaron reducidas a dos: Indios nativos de la reserva cercana que se habrían hecho amigos de Bob. O bien los músicos de acompañamiento cuyos nombres aparecían en la contraportada: Charlie McCoy, Ken Butrey y Pete Drake. ¿Quién sería quién?. Sin duda el indio alto de la izquierda con sus largos dedos debía ser McCoy el bajista. Entretanto yo escuchaba con devoción una y otra vez las canciones del disco mientras escrutaba los rostros de la portada. Sólo ellos conocían el misterio y por eso me sonreían. Hoy gracias a internet podemos compartir la respuesta todos los mortales. Pero, ¿a quién coño le interesa que los tipos sean baules de la India o Cherokees de Tennessee??
Soñé que vi a San Agustín, tan vivo como tú y como yo. ¿Quién podría hoy cantar algo así y cautivarnos?

jueves, 31 de enero de 2008

NUNCA DESAPARECEREMOS



El largo y tortuoso camino que lleva a tu puerta nunca desaparecerá The long and winding road that leads to your door will never disappear. Sobrecogedor lirismo para un adolescente, más aún porque yo no alcanzaba a distinguir entre will y we’ll, de modo que, cambiado el sujeto de la oración, ya no era el camino, sino nosotros - ¿un amor que no tenía? – los que nunca desapareceríamos. We´ll never disappear, creía oir. El largo y tortuoso camino. Nunca desapareceremos. Y tenía sentido, además, porque coincidía con otras promesas que escuchaba a diario por aquellas fechas lejanas: eternidad tras cruzar este valle de lágrimas. El resto de la canción podía decir misa. Yo permanecía flotando en el principio. Nunca desapareceremos.